martes, 16 de octubre de 2012

Chaminera


Esta palabra hace referencia a lugar donde se echa leña para provocar una combustion que provoque un aumento de la temperatura ( chimenea, de ahi su parecido a esta palabra que basicamente significan lo mismo)

Esta palabra se utiliza en la comunidad de Aragon y mayoritariamente en los pueblos 

Frases comunes:

Hay que echar mas leña a la chaminera!

Apaga ya la chaminera!

Foeta



Esta palabra a mi parecer no es nada común ya que indica una parte del cuerpo como es la nuca, que es la parte posterior y alta del cuello.
Esta palabra a mí personalmente  me llama mucho la atención, porque la primera vez que la escuché no me podía imaginar ni mucho menos que hace referencia a una parte del cuerpo.
En los pueblos puedes escuchar a las abuelas comentar cuando empieza el otoño o un día que hace fresco decir:

-¡Oye entra frio en la foeta con este aire!

y quien no lo ha escuchado nunca puede pensar que es un  lugar  cuando se escucha :

-¡Va todo el aire a la foeta!

Y puede pensar¿ será un agujero? o ¿ un  lugar concreto? , nada más lejos de la realidad por la forma con la que se expresa.

Lo más habitual es oir :

-¡ Me voy  a poner un pañuelo que me entra aire en la foeta!

martes, 9 de octubre de 2012

Estronchicar



La palabra estronchicar a pesar de ser una palabra poco utilizada y conocida ya que su uso se limita únicamente a Aragón y su antigua Corona (Cataluña, Valencia, Baleares, Cerdeña y Atenas).


Esta palabra se traduciría al castellano como arrancar (una planta), destrozar (hace referencia a las personas cuando están agotadas o abatidas despues de realizar un trabajo o una accion la cual requiere mucho esfuerzo).


FRASES HECHAS:


Me fui a vendimiar y vine estronchicao (esto dice mi abuelo Hilario)


Mi abuela tiene que ir a estronchicar las malas hierbas.


A mi primo le pillo la vaquilla y le dejo estronchicao.



lunes, 16 de julio de 2012

Hacer duelo



La expresión hacer duelo hace referencia a la reaccion de una persona ante una situacion de muerte de alguien cercano o perdida de un animal u objeto.

A mi me hizo mucho duelo cuando se murió mi bisabuela a la que yo tenia muchísimo aprecio y todos estábamos muy tristes pero como el entierro era fuera de Aragón cuando utilizábamos la expresión hacer duelo creían que les estábamos insultando o algo parecido pero cuando les contemos el significado de la expresión se echaron a reír mientras nos tomábamos unas cañas y aunque tampoco los entendíamos muy bien y apesar del mal día no fue del todo mal.

Frases Habituales:

Mira que me hace duelo.

Que duelo me hace que se acabe el verano.






Modorro



La palabra modorro hace referencia a una persona atontada , retrasada o que tiene un comportamiento que no es normal en alguien de su especie.

También se utiliza esta palabra cuando una persona esta adormecida o bien por que se a levantado de la siesta o por que tiene sueño, se suele decir que esta amodorrado.

Ademas esta palabra se utiliza en el vocabulario ovino para cuando una oveja no reconoce a su hijo , se pierde o no sabe comer por lo cual se le llama modorra.

Mi padre cuando me levanto a las 7 de la mañana me dice que estoy amodorrado por que no me entero de nada y me dice que no soy persona aunque yo creo que no hay persona en el mundo que al levantarse a las 7 de la mañana no este amodorrado .


domingo, 15 de julio de 2012

Escobar

La palabra escobar hace referencia a la acción de barrer con la escoba para limpiar el suelo y dejarlo reluciente. No tiene nada que ver con el artista español Manolo Escobar que cantaba canciones como : ¡que viva España! y Mi carro , conocidas por todo el mundo o casi todo, ya que él las puso de moda y se han convertido en el signo de España y su repertorio suena en todas las victorias deportivas de España.

Se puede escuchar en el pueblo a todas las mujeres al punto de la mañana que van a salir a escobar el portal o que están escobando la casa , en las faenas cotidianas de la limpieza del hogar.

Otro significado en francés "vieilli" es una persona hipócrita. Y también un escobar es un lugar donde hay muchas escobas .

Como se puede ver tiene una amplia variedad de significados y cada uno de ellos hace referencia a una cosa diferente.

Pero personalmente a mi me encanta escuchar de mi abuela esta palabra cuando sale por la mañana a barrer su trocito de portal y la acera para que este escoscado como ella dice.



Zarrio



La palabra zarrio hace referencia a un objeto o cosa que en ese momento no tiene un uso determinado o la persona que lo dice le parece que puede ser inservible. También se denomina zarrio a un niño muy trasto o travieso y desobediente.

Yo tengo un primo que es un zarrio, está todo el día jugando a la pelota y no para quieto ni un segundo se sube por todos sitios y va de un lado para otro sin parar, sus padres están desesperados y ya no saben que hacer con él, por que no quiere comer y no quiere dormir , el lo único que quiere hacer todo el tiempo es jugar.

Mi abuela cuando coge trapos viejos y dice : ¡estos zarrios van a ser para limpiar el polvo!

O también me dice: ¡ recoge todos esos zarrios y ponlos en su sitio de una vez por todas! , cuando se refiere a un juego al que hemos estado jugando y se ha quedado todo extendido, con todas las piezas por encima de la mesa.

Se denomina tambien a las prendas de mala calidad o que no sirven para nada. Su sonoridad basta para comprender el poco afecto que se les tiene a esos objetos.



Desustanciao

La palabra desustancio hace referencia a una persona poco inteligente y con muy poco sentido común, también se puede referir en concepto de cocina a una comida que tiene poco sabor o que le falta sal o sustancia. 
Mis amigos la utilizan muchísimo  ya que siempre se refieren al grupo como una pandilla de desustanciados y aunque entre nosotros siempre nos llamemos desustanciaos siempre lo hacemos con mucho cariño y aprecio o sea amigablemente.
Donde también la oigo mucho es en mi pueblo ya que las personas mayores la usan con mucha asiduidad para referirse al vecino que le toca las narices durante todo el año, también esta palabra nos la transfieren ellos al darle tanto uso por que sino nosotros los jóvenes de hoy en día no la conoceríamos por lo cual no la podríamos utilizar y se perdería.








Escoscado

La palabra escoscado, hace referencia a una persona ordenada y limpia que va siempre impecable. Aunque actualmente hay poca gente de este tipo ya que es una especie en extinción. Yo por ejemplo soy poco escoscado ya que siempre tengo la habitación desordenada y mi madre siempre me dice que haber si la ordeno y soy más escoscado, por que más que una habitación parece una leonera.
También  esta palabra tiene otros significados uno de ellos hace referencia a la acción de quitar la piel a la almendra cuando se coge del árbol, es una piel que está antes de la cáscara exterior .
Lo que más me gusta de esta palabra es su sonoridad ya que cuando la pronuncias suena de manera rotunda  y te da mucho que pensar. Cuando mi abuela me ve los domingos todo arreglado me dice toda contenta ¡pero que chico más escoscado!

FRASES HECHAS

¡Hay que ver que escoscado va!
¡Pues no va escoscado ni nada con traje y todo!



Laminero

La palabra laminero hace referencia a una persona que le gusta mucho comer tartas, caramelos y alimentos dulces en general. También hace referencia a una persona muy golosa que se emboba con los dulces , como yo ,mi madre siempre me dice que soy muy laminero que me gusta mucho el chocolate aunque ella también es muy laminera. No es que sea algo raro ya que en mi familia casi TODOS somos lamineros y nos gusta mucho el dulce y las tartas por eso para mi familia la mejor época del año es la navidad por que es cuando podemos comprar turrón y demás dulces típicos.
Como se puede comprobar esta palabra no tiene nada que ver con laminas como se puede deducir de la misma ,aunque su nombre proviene de un antiguo caramelo en forma de ladrillo. Por eso una persona que no sepa lo que significa esta palabra y se encuentre delante de un dulce apunto de comérselo y se le diga , puede llegar a poner una cara extraña como diciendo ¿ pero de que esta hablando???.



FRASES HECHAS

¡Pero mira que eres laminero!

¡Límpiate los morros laminero!






martes, 10 de julio de 2012

Esbafao


La palabra esbafao hace referencia a el momento en el que un liquido con mucho gas ( coca-cola,fanta, kas)
se le escapa todo el gas del recipiente que lo contiene , por lo cual el liquido resultante carece de gas alguno y es uniforme.
La palabra esbafao todavía se utiliza sobretodo en Zaragoza que es donde abundan las bebidas gaseosas , pero es una palabra mas reciente que las anteriores (empentar y ababol)  ya que a principios del siglo 20, cuando el aragonés todavía se hablaba , no existía ( o existian 1 o 2) por lo cual no era habitual utilizarla aunque tenia otro significado parecido al de la palabra que vimos:    ababol  (http://noticiasdeportivasydemas.blogspot.com.es/2012/07/ababol.html)
FRASES HABITUALES:
S´asbafao la coca cola
¡¡No lágites que se va a esbafar , mendrugo!!
¡¡Animate y no te esbafes!!




esbafar (persona)











esbafar (coca cola)

lunes, 9 de julio de 2012

Empentar






La palabra empentar hace referencia al acto de que una persona empuja a otra persona con el fin de desplazarla de su lugar también tiene otro significado menos conocido como el de echar al aire la mies con una horca para separar la paja del grano del trigo cuando hacía aire.


Esta palabra actualmente es muy utilizada en Aragón , personalmente utilizo mucho esta palabra, la misma es una de las palabras que hemos heredado del aragonés y aun así se sigue utilizando bastante entre la población de nuestra comunidad autónoma.


Esta palabra casi siempre se utiliza de manera coloquial ya que de manera formal puede parecer vulgar ,tosca o basta.


De la palabra empentar se deriva la palabra empentón (empujón)


FRASES HABITUALES:


¡¡¡¡Halaaaa que empentón le ha dado!!!!


,A ver si te voy a empentar,


Le vas a empentar a quien yo te diga,







Empentar (mies)








Empentar (empujar) 

Ababol

La palabra ababol tiene dos significados uno hace referencia a la amapola (una flor que nace entre el trigo o la cebada, al principio de la primavera)y el otro significado en lenguaje figurado hace referencia a una persona infeliz, tonta ,que es poco espabilada o también una persona muy simple.Se dice de manera despectiva y faltando el respeto a la otra persona.


Esta palabra es muy utilizada en la zona de Aragon , sobre todo en la zona de los Pirineos.Yo no es que utilize mucho esta palabra pero en los pueblos es muy utilizada y es una palabra que por ahora permanece en nuestro vocabulario aunque no es muy utilizada normalmente.


Ababol es una palabra que muestra desprecio y suele ser despectiva por lo cual muy pocas veces se utiliza de manera cariñosa.


FRASES HABITUALES:Mira que eres ababol,hay que ser ababol para......,se te esta poniendo cara de ababol,eres mas tonto que un ababol,........


Ababol (flor)









 Cara de ababol 

lunes, 4 de junio de 2012

Ese viejo y gran cine español

Esta semana habla del cine español de sus caracteristicas y que actualmente anda de capa caida.
Tambien compara las peliculas de antes con los actuales programas como Sálvame o Gran Hermano , llegando a la conclusion de que las pelis de antes no tienen comparacion con los programas actuales.
El artículo:

Llevo tiempo incumpliendo la promesa de dedicar un domingo a mis películas favoritas del cine español. Y de hoy no pasa. Me acordé anoche, cenando con un amigo de los que, como yo, vivieron la infancia y primera juventud en cines de programa doble o sesión continua. Así que estuvimos toda la cena refrescando nombres de películas y directores, e incluso recuerdos comunes de tal o cual estreno. Tengan en cuenta que en materia de cine, y disculpen la chulería de un sexagenario, el mundo actual se divide entre quienes vimos estrenar Ben-Hur, Del infierno a Texas, Duelo en el Atlántico o Misión de Audaces -ese pañuelo de la chica en el cuello de John Wayne, antes de volar el puente-, y quienes no. Los que llegaron luego tuvieron otras cosas. Incluso mejores, tal vez. Pero no ésas. Nunca estuvieron a oscuras en un cine de acomodador y linterna, comiendo pipas mientras en la pantalla sonaba tatachán, tatachán,y aparecía el rótulo de El puente sobre el río Kwai.

Por supuesto, mi lista de cine patrio es larga. Incluye películas de los últimos treinta o cuarenta años, con títulos fundamentales entre los que tengo especial afecto a La escopeta nacional, Los santos inocentes, Las cosas del querer -en mi opinión tan notable como las dos anteriores-, Los lunes al sol, Como un relámpago, Las bicicletas son para el verano, Bajarse al moro -esos entrañables hermanos Juan Echanove y Verónica Forqué-, Mujeres al borde de un ataque de nervios y El día de la bestia, entre otras, sin olvidar mi favorita de esa época: El crack, de José Luis Garci. Esa escena inmortal del inmenso Alfredo Landa, pistola bajo la mesa, diciéndole a Cervino: «Baretta, dame el mechero o te vuelo los huevos» figura en mi santoral privado del mejor cine hecho en España. 
Sin embargo, pese al respeto y admiración que tengo por esas películas magníficas, el cine español que de verdad me pone caliente es anterior, de los años sesenta para atrás. Casi todo está rodado en blanco y negro, aunque hay excepciones. En color se rodó Los tramposos -una de mis grandes debilidades, con los sublimes Tony Leblanc y Antonio Ozores en la secuencia genial del timo de la estampita-, Tres de la Cruz Roja y también Cateto a babor; que pese a las apariencias de comedia sensiblera con niño, es un recital interpretativo del gran Alfredo Landa. Pero es en blanco y negro, como digo, donde para mí se encuentra el más valioso tesoro cinematográfico español. Películas, algunas de ellas verdaderas obras maestras, que inexplicablemente no pueden encontrarse en el comercio y nunca pasan por televisión, pues el blanco y negro espanta a la audiencia. 
Así que tomen nota de mi lista, si les apetece, y ustedes verán. O no verán. Pero les aseguro que si un día ponen en la tele Plácido, La caza, Surcos, El escándalo, Tarde de toros o Mi tío Jacinto, y se niegan a verlas porque no son en colorines como Sálvame o Gran hermano, los interesados merecen soñar cada noche, el resto de su vida, con Belén Esteban en vez de con la Sarita Montiel de El último cuplé -ésa es en color, por cierto-. Por idiotas. Recuerden de todas formas, que la mía es una lista personal e incompleta, sujeta a error y a olvidos. Incluso a factores difíciles de explicar. En cabeza figura la que considero obra cumbre de nuestro cine, no sólo por la historia que cuenta, sino por la España que disecciona con fría crueldad: Calle Mayor. Para los amantes de lo policíaco, misterioso o fantástico, me parecen ineludibles El clavo -magníficos Rafael Durán y Amparo Rivelles- y la extraña La Torre de los Siete Jorobados. En folklore hispano tengo tres debilidades notorias: La María de la O que interpretaron Carmen Amaya y Pastora Imperio, Morena Clara, y el gran Manuel de Luna guitarreando a Juanita Reina en La Lola se va a los puertos. En materia de comedia española, mi lista, que ahí es muy larga, la encabeza Atraco a las tres, que considero obra maestra absoluta, seguida por El verdugo,Bienvenido míster Marshall y El tigre de Chamberí. Como western hispano de calidad, imposible no citar la magnífica Carne de horca; y en lo que a cine épico y de aventuras se refiere, nuestra particular versión de Tres lanceros bengalíes se llama Harka, de valor documental irrepetible. Sin olvidar la todavía conmovedora Los últimos de Filipinas, o una joya del cine de guerra y resistencia: la película maldita del falangista Carlos Arévalo Rojo y negro, prohibida por el franquismo, con una subyugante Conchita Montenegro y un final desolador que trasciende cualquier simpleza ideológica. Pero a esa película modernísima, turbia, dura y fascinante, ya le dediqué una página entera aquí, hace años.     

Adiós, Manolo

Esta semana pasada,  Perez Reverte hablo de los inmigrantes en España , y de la integración de ellos en Madrid y en toda España en general.
También comenta que esta es la España del presente y del futuro mas cercano, y que están integrados en los diferentes oficios : policías, periodista,medico....etc.
Aquí el artículo:
De compras. Me atiende una señora con acento eslavo, de un metro ochenta de estatura a ojo de buen cubero, con el pelo rubio y los ojos claros. De ésas que dan miedo. O casi. Hechos los trámites, llama a dos empleados, y éstos se ocupan del resto de la operación. Uno es un rumano eficiente que se ocupa de mí con diligencia, y hablando un español casi perfecto, me advierte: «Cuidado con esta pieza, que es muy jodida y se suelta». Lo de muy jodida lo ha dicho con el desparpajo y la naturalidad de quien le tiene tomado el punto a la pieza que se suelta y al habla de Cervantes. Integrado total. El otro empleado es un joven azteca, o maya, o lo que sea. Uno de allí, con un magnífico pelo negro, la piel cobriza y unos ojos oscuros e inteligentes. También son ojos orgullosos. Hace un momento, mientras brujuleaba por la tienda, tuve ocasión de presenciar una escena de ese mismo joven con un cliente ligeramente estúpido, y de advertir la mirada que le dirigió el indio cuando al otro se le fue un poco la mano en el trato. Si te llego a pillar en Tenochtitlán aquella noche -decía elocuente esa mirada- me hago un llavero con tus pelotas. Incluso si te encuentro un sábado por la noche, de copas, igual me lo hago. Huevón. 

El caso es que salgo de la tienda satisfecho, porque además de eficientes son gente amable, que sabe lo que importa un cliente en estos tiempos. En la puerta me paro a dejar pasar a tres niños que vienen del cole con mochilas a la espalda, hablando de sus cosas. Deben de andar por los ocho o diez años. Dos son chinos totales, y uno de ellos lleva una felpa -detesto discúlpenme, la sucia palabra sudadera- del Real Madrid y les está diciendo a los otros algo que acaba con la frase «os lo juro, tíos». Me lo quedo mirando con media sonrisa en la boca y la otra media en la tienda de la que acabo de salir, y me digo: ahí los tienes, chaval. En los últimos veinte minutos has visto a seis personas, y sólo los padres de dos nacieron aquí. Y acaba de pasar un chino de Lavapiés, hincha del Madrid, con un acento castizo que te vas de vareta. Ésta es la España que hay, concluyo. Y la que viene. La que va siendo. Y a lo mejor por ahí nos salvamos, al final. O se salvan nuestros descendientes. Cuando pasen los tiempos de la purga, de la penitencia por lo que fuimos y aún somos, y nuestra mala simiente ancestral se diluya por fin en la genética, y otra generación de españoles diferentes nos borre del mapa.Camino detrás de los tres críos, observándolos mientras pienso en todo eso. En que dentro de unos años, sus nietos se mezclarán con los de la bolchevique rubia de la tienda, del americano de ojos orgullosos e inteligentes, del rumano que sabe que las piezas son jodidas y se sueltan. Y de esos fascinantes cruces de caminos del azar y la vida, saldrán españoles nuevos: jóvenes gloriosamente mestizos, con la mirada orgullosa del indio en unos ojos rasgados y asiáticos que tengan el color claro de la ucraniana de la tienda y la inteligencia del rumano de eficaz parla cervantina, aliñados tal vez con el valor desesperado del africano que se jugó la vida a bordo de una patera. Españoles felizmente distintos, nuevos, mezclados entre sí, que rompan nuestra estúpida inercia para generar, como ocurre en los buenos mestizajes, hombres y mujeres más atractivos, imaginativos e inteligentes. Sobre todo, cada vez más lejos de los fantasmas y odios viscerales que emponzoñan este lóbrego patio de vecinos llamado España. Gente distinta, a cuya sangre mezclada y renovada importen un carajo las secuelas no resueltas de las guerras carlistas, la guerra del Segador, los mártires de la Cruzada, los fusilados del franquismo, el fuero de los Monegros, el Estatut de Úbeda y toda nuestra larga enfermedad histórica. Nuestra puerca estirpe de insolidaridad, vileza y mala leche. Nacerán así españoles nuevos, prácticos, que se rían en la cara de los sinvergüenzas que ofrecen euros a cincuenta céntimos, esqueletos de armario, errehaches y endogamias catetas. Que se vayan a la cama juntos, se preñen unos a otros y nos preñen a todos tantas veces como haga falta, hasta que lo importante, lo necesario, se dibujen con nitidez en la retina de nuestra estirpe. Hasta que nazca, al fin, un español que busque el futuro en vez de la manera de hacerle la puñeta al vecino, o vengar a su abuelo. Puestos a ser analfabetos -eso ya parece irremediable-, seamos al menos analfabetos guapos, con ojos verdes, ritmo africano y latino en las venas, andares de mulata hermosa, aplomo de eslavos tenaces, coraje de sangre moruna. Y al tradicional Manolo moreno, bajito, limitado, fanático de las fiestas de su pueblo, de la efigie del santo patrón y de la última y puta guerra civil, que le vayan dando.    

miércoles, 23 de mayo de 2012

Bruto es un hombre honrado

En este articulo cuenta un malentendido con la ciudad de Sevilla.Y acabo con un malentendido mayúsculo ya que todos los sevillanos se quejaron y pidieron castigos variados , para un hombre el cual no había dicho esta .
Este articulo demuestra el poder de las redes sociales y que una frase polémica corre mas rápido que la pólvora.
El artículo:
El tercer acto de la tragedia Julio César contiene un ejemplo interesante de lo que, desde la Logse o por ahí cerca, llamamos comprensión lectora, y que hasta hace poco se conocía por simple sentido común. Para levantar al pueblo romano contra Bruto y los otros asesinos de César, el Marco Antonio de Shakespeare empieza su famoso discurso aludiendo varias veces a Bruto como «un hombre honrado». Y el pueblo, voluble pero no completamente imbécil, termina captando el sentido de la ironía y acaba queriendo hacer picadillo a los magnicidas. Dicho de otra forma, la comprensión lectora de los romanos fue en este caso, y en términos generales, la apropiada.

No sé qué suerte correrían Marco Antonio y su discurso, de difundirse a través de lo que hoy llamamos redes sociales. Si algo caracteriza lo que circula es la superficialidad y falta de rigor. A más simpleza, mayor difusión. Por situar un ejemplo, un mensaje típico de Twitter sería: «Dice Einstein que todo es relativo», seguido de treinta mil comentarios a favor o en contra de que todo sea relativo: un tercio de ellos procedentes de quienes no saben quién fue Einstein, y otro tercio escrito por osados analfabetos que no es ya que ignoren quién fue Einstein, sino que ignoran el significado de la palabra relativo.Salvando categorías, citaré un caso personal. Hace poco, elogiando Grupo 7 en Twitter, me congratulé de que la película muestre también esa otra Sevilla real, turbia, de putas, yonkis, marginación y gentuza que nunca sale en el Hola, en vez de remachar sólo el camelo constante de bares, ferias, semanas santas y carretas camino del Rocío. A los pocos minutos, una página de Internet que no se distingue por el rigor de sus contenidos y reseñas, lanzaba en la red el siguiente titular: Pérez-Reverte: «La Sevilla real son yonkis, putas y gentuza».A partir de entonces, fue ese mensaje el que empezó a difundirse en la red. Y sobre él, no sobre los razonados mensajes originales, surgió el proceso de viralidad común en estos casos. Alguno de ustedes sabe la que se lio: tres mil tuiteos el primer día y cinco mil la semana siguiente. Con la particularidad de que, tratándose de Sevilla, fértil en cofradías, equipos de fútbol y otras instituciones, una legión de capillitas, penitentes, aficionados al deporte rey, a la hípica, a los toros, a la feria, al flamenco y a las tapas de garbanzos con espinacas, se pusieron como tigres hircanos. Una hora después, unos pedían la retirada de mis libros de las librerías y otros exigían al alcalde que articulara mecanismos legales para prohibirme volver allí. Luego empezaron a intervenir los sensatos, los que saben leer sujeto, verbo, predicado y lo que hay detrás de cada cosa, y el asunto se fue equilibrando hasta derivar en debate, ya ajeno a mí, sobre si había razón o no en mis afirmaciones originales: Sevilla como bella ciudad escasa de autocrítica, barrios marginales, endogamia cultural y otros detalles.Fue, desde luego, una buena experiencia más sobre la torpe condición humana, la cultura o la ausencia de ella, la inteligencia de los lúcidos y la estupidez fanática de los menguados. Hubo detalles asombrosos. Llevo veinte años escribiendo esta página, que allí se publica con el ABC. Supongo que ciertos ciudadanos me habrán leído alguna vez, y eso incluye artículos premiados sobre Sevilla, dos novelas que escribí con ella como escenario, e innumerables alusiones afectuosas a una ciudad que, además, me concedió el premio de Turismo «por difundir positivamente la imagen de Sevilla en el mundo». Y pese a tales antecedentes, gente culta, sensata, que tiene contexto, que lee periódicos y libros, incluso algunos comunicantes que se declararon lectores míos de toda la vida, juraban no volver a leer un libro escrito por mí. «Lávese la boca cuando quiera hablar de Sevilla». Etcétera.También, en esto de pasar buenos ratos echando pan a los patos, fue interesante el alto número de sevillanos varones que mencionaron a mi madre como argumento estrella. Nunca había ocurrido antes, aunque llevo tiempo de broncas en Twitter, incluso con nacionalistas furibundos y feministas radicales en materia de lenguaje. Y me parece significativo. Brindo el dato a los sociólogos, a la hora de considerar el peso de las madres en la mentalidad de cierta población masculina de Sevilla. En cualquier caso, hubo dos mensajes notables que atesoré con entusiasmo coleccionista. Uno, famoso al difundirse luego con mucha guasa en la red, fue el que solicitaba para mí la pena de Garrote Bil. El otro, resumen fantástico de todo el disparate, me parece perfecto para ilustrar este artículo: «Debe pedir perdón por ofender a todos los andaluces y todas las andaluzas». O sea: España resumida en dos tuits.    

El marino que lloraba

Esta semana habla de un marinero que tuvo que abandonar parte de tripulación en contra de su voluntad.esta historias se las contaba su tío que era marinero.Me parece una historia de humildad ,de momentos extremos y de supervivencia extrema es una historia real muy dura y cruel.
La historia:

Alguna vez he hablado aquí de remordimientos. De lo poco que se llevan en los últimos tiempos, si es que alguna vez se llevaron. De la facilidad con que nos fabricamos, en el acto, excusas útiles para ignorarlos. El estado del bienestar incluye eso, imagino. El bienestar personal a toda costa. El no sentirse responsable, o culpable, de nada. Pero no siempre es así. A veces, el daño infligido a otros sigue presente en nuestra memoria y nos acompaña hasta el final, obligándonos a mirarlo cara a cara. No sé ustedes, pero en mi archivo personal tengo algunos remordimientos, o estragos que tienen mucho que ver con ellos. Fueron muchos años pisando caminos raros y cristales rotos. Y ninguna supervivencia es impune, claro. Algunos, con eso, hacemos novelas. O escribimos artículos como éste.

Era un niño cuando conocí al primer hombre con remordimientos. Alguna vez he dicho -hay días, maldición, en que me parece haberlo dicho casi todo- que crecí entre marinos mercantes, escuchando sus historias de singladuras, temporales y puertos. O al menos las que mi madre les permitía contar delante de una criatura. De todos ellos, incluso más que los capitanes de petroleros amigos de mi padre, mi marino favorito fue siempre mi tío Antonio, capitán de la Trasmediterránea. Solía reunirse con sus dos más queridos amigos, compañeros desde la escuela de Náutica, con los que permaneció unido toda su vida, incluso cuando los tres ya mandaban barcos. Se llamaban Salvador y Ginés. Yo era una especie de sobrino honorario de todos ellos y me gustaban mucho las historias del mar, así que era frecuente que me sentase en su compañía, escuchando mientras fumaban paquetes enteros de Players, bebían café y vaciaban botellas de whisky con etiquetas espectaculares al tiempo que hablaban de amarres en Veracruz, guardias nocturnas en el estrecho de Malaca, temporales en el Atlántico Norte o peleas en los bares de Rotterdam. Eran marinos de verdad. Amos de su barco después de Dios, e incluso antes. Marinos de toda la vida.
Salvador era flaco y moreno, muy afectuoso conmigo, y tenía una hija pequeña de la que yo andaba enamoradísimo. Durante la Segunda Guerra Mundial, con apenas veinte años, Salvador había estado navegando como alumno en un mercante que fue torpedeado en el Atlántico por un submarino alemán. Imaginen el efecto que eso me causaba, y la avidez con que escuchaba el relato cuando la historia surgía de nuevo: el barco navegando sin luces en la noche, la guardia en el puente, el desconcierto tras el impacto del torpedo, los hombres saltando al agua entre las llamas, los supervivientes amontonados en un bote y una balsa, sucios de petróleo, temblando de frío, algunos de ellos heridos. Y los días que pasaron a la deriva, sin comida ni agua, hasta que tuvieron la suerte de ser rescatados.
Era en ese punto donde la historia de Salvador se volvía aún más dramática; y prueba de la impresión que me causó es lo perfectamente que la recuerdo, cincuenta años después, en todos sus detalles. Los supervivientes, como digo, se hacinaban en un bote; y los que no cabían en él, entre ellos varios hombres heridos, iban detrás, en una balsa de madera unida al bote por un cabo. Había una fuerte marejada, con mar que rompía a veces, y los tirones del cabo de la balsa remolcada en la popa del bote hacían que éste embarcase mucha agua, poniéndolo en peligro de hundirse. Se desató a bordo una violenta discusión entre los partidarios de cortar el cabo y dejar la balsa a su suerte, y los que se negaban a abandonar a los compañeros. Quedó la cosa en mantener la balsa a remolque; pero, durante la noche, alguien del bote cortó el cabo. Los despertaron a todos las llamadas de angustia de los hombres que quedaban atrás, a la deriva, gritando en la oscuridad. Sus voces apagándose poco a poco hasta que dejaron de oírse. Y luego, sólo el sonido de las olas, la negrura del mar y el silencio de los hombres callados en el bote. Fueron rescatados tres días más tarde por un destructor inglés; pero de la balsa y sus ocupantes, nunca más se supo.
Oí contar a Salvador tres o cuatro veces aquella historia, y recuerdo muy bien su voz quebrándose al llegar a ese momento del relato. Sus silencios intermitentes y su modo de inclinar un poco la cabeza, mirando con fijeza el cigarrillo que le humeaba entre los dedos o el contenido de su vaso de whisky. «¡No nos dejéis aquí!», decía, recordando las voces que se alejaban en la noche. «¡No nos dejéis aquí!», insistía como si aún escuchara aquellas palabras. Y mientras las repetía una y otra vez, se le llenaban los ojos de lágrimas.  

La percha de Mingote

Esta semana habla del fallecimiento de Mingote un miembro activo de la Real Academia Española.
Habla de lo corta que es la vida y que hay que aprovecharla, tambien habla de la RAE, sus percheros(los cuales van por orden de antiguedad )y que el ya es un veterano de esta institucion .
por eso debemos aprovechar la vida al maximo
El articulo:
Una tarde de hace nueve años, mientras esperaba en mi entonces mesa habitual del café Gijón a que los miembros de la RAE votaran sobre mi candidatura, uno de los viejos camareros, que me conocía desde que entré por primera vez en el café siendo un jovencito imberbe, me dijo: «Hubo un tiempo en que tener una silla reservada aquí era más importante que tener un sillón en la Academia». Y tenía razón. Pero lo que pude averiguar más tarde, una vez dentro, es que había algo aun más importante que un sillón con tu letra en la sala de plenos, e incluso que una mesa reservada en el Gijón: el perchero del vestíbulo de la RAE, con sus perchas de bronce y su bastidor de madera con huecos para el bastón o el paraguas.

Tanto me asombró el descubrimiento, que a las pocas semanas le dediqué un artículo en esta misma página. El perchero de la Academia, se titulaba. En él explicaba su protocolo centenario: cada académico tiene su percha, identificada con el nombre, y debajo encuentra los jueves el correo que recibe. Las perchas, excepto la del director, se asignan por orden de antigüedad. Y con el paso del tiempo, los académicos que mueren dejan su lugar vacante; de manera que los que vienen detrás avanzan percha a percha. Las vacantes deberían producirse entre los académicos de más edad, pero no siempre es así. Nombres de venerables abueletes ocupan desde hace décadas algunos de los lugares más antiguos, enrocados allí mientras compañeros más jóvenes se quedan por el camino. Son loterías de la vida, registrada puntualmente en ese viejo marcador que nos recuerda, cada jueves, cómo, cada uno a su paso, nos encaminamos todos a la muerte. En lo que a mi nombre se refiere, en noviembre del 93, cuando escribí aquel artículo, ocupaba la penúltima percha, entre Margarita Salas y José Manuel Sánchez Ron. Hoy tengo diecisiete por detrás.El último hueco en el perchero me ha dejado en el corazón un agujero del tamaño de un disparo de postas: Antonio Mingote era uno de los hombres más afectuosos y cabales que conocí en mi vida. Uno de esos venerables abuelos a los que antes me refería, y que dan a la Academia el tono, el prestigio y la solera. Sobre Antonio se ha dicho tanto en las últimas semanas -algunas veces España deja de ser madrastra ingrata y hace justicia a los mejores,- que insistir aquí sería remachar lo obvio. Pero no puedo dejarlo irse sin más. Desde que entré en la RAE formábamos parte de la misma comisión del Diccionario, la de Ciencias Humanas; y cada jueves, antes del pleno, nos reuníamos para revisar las definiciones que esa semana tocaban en suerte. Su bondad extrema, su fina caballerosidad, los ejemplos gráficos que garabateaba en los márgenes de las definiciones -conservo como un tesoro el dibujo de la palabra canalillo-, lo hacían entrañable. Silvia, la guapa filóloga de nuestra comisión, lo amaba en secreto. O sin él. En realidad lo amábamos todos.La comisión. No pueden imaginarse lo atrozmente viejo que puedo sentirme estos días, al asistir a ella. Lo incómodamente superviviente, cuando después de colgar mi mochila en el perchero compruebo que la tarjeta con mi nombre se ha movido de nuevo, avanzando otro puesto. Cuando entro en la salita donde nos reunimos, veo desocupado el lugar de Antonio Mingote y pienso en los huecos que he visto producirse en torno a esa mesa: el queridísimo Antonio Colino, el sensato Castilla del Pino, el muy fumador Ángel González, el excéntrico almirante Álvarez-Arenas, a quien cada tarde saludaba cuadrándome con un taconazo que él agradecía con una sonrisa guasona de sus ojos azules... Sólo dos de quienes hace casi una década me dieron la bienvenida siguen en esa comisión: Gregorio Salvador y José Luis Sampedro. Los otros, Javier Marías entre ellos, vinieron después. Sampedro acude siempre que la salud se lo permite, pero el veterano Gregorio no falla nunca. Está allí jueves tras jueves, ejemplo de académicos perfectos, dando tono y magisterio. Él y unos pocos más son los últimos nombres legendarios de aquella Academia en la que ingresé tímido y de puntillas, pidiendo perdón por hacerlo. Todavía lo pido cuando me siento en la comisión del Diccionario, a la derecha de Gregorio Salvador -a la izquierda se sentaba Mingote-, y lo miro respetuoso, como un fiel perro de caza miraría a su amo, esperando el dictamen docto, la autoridad definitiva sobre esto o aquello. En la RAE quedan pocos de los grandes; aunque, por suerte para quienes hablamos la lengua española, allí siguen. Y todavía se les escucha, para irritación de analfabetos e imbéciles. Después, que corra el perchero y el diablo nos lleve a todos.    

Nombres que nadie escribió

Esta semana sigue nombrando historias que merecen reconocimiento al igual que sus protagonistas.
Habla de soldados sin importancia(cabos) pero también gente de mayor alcurnia como sargentos y tenientes .
Esta gente no es famosa por sus batallas , pero sus actos dejaron patentes su nobleza y generosidad.
El texto:
De vez en cuando, algunos de ustedes sugieren que me ponga en plan abuelo Cebolleta y cuente batallitas viejas. Lo hago con placer, porque me gusta la Historia y creo útil recordar ciertos episodios que, para bien o para mal, nos definen. E incluso, a veces, permiten reconciliarnos con nosotros mismos: con este desgraciado país que, pese a obispos, reyes, ministros y generales, también parió durante siglos a no poca gente honrada, valerosa y decente. A hombres y mujeres con los que valdría la pena tomarse una copa, e incluso dos. A fulanos admirables. 

No siempre es necesario ir lejos en busca de analgésicos. Ejemplo fresco es algo ocurrido hace poco en Afganistán. En la guerra de Afganistán, palabra incómoda para esa idiotez de las Fuerzas Armadas Desarmadas Humanitarias que todo ministro de Defensa, sin distinción de pelaje ni pesebre, pretende calzarnos por la cara. El caso es que, en un lugar llamado Vigocho, hubo candela. Y varios nombres de legionarios españoles, que debían haber sido mencionados en el telediario y los papeles, no lo fueron. Si hubiera sido fútbol, no faltarían fotos, protagonistas calificados de héroes y ondear de banderas. Pero pegar tiros es menos mediático. Poco humanitario. Así que, por si les interesa -si no, lean a Paulo Coelho-, hoy cedo esta página al general que sí mencionó esos nombres en la orden del día. Y que, por cierto, no tiene mala prosa: 

«Con motivo del combate acaecido el 7 de marzo de 2012, quiero felicitar a los componentes de la IIIª Sección de la TF 1ª Legión por su meritoria actuación, en especial los que se relacionan a continuación:

Teniente Ramón Prieto Gordillo. Jefe de la III Sección. Reaccionó de forma ejemplar. Dirigió el fuego de sus pelotones, distribuyendo los fuegos propios y solicitando apoyo del Pelotón de Morteros para hacer frente al fuego enemigo. Mantuvo la calma, transmitiéndola a sus subordinados. Coordinó la evacuación del herido, y realizó el repliegue de forma ordenada y coordinada.

Sargento José Moreno Ramos. Jefe del 3er. Pelotón. En cuanto recibe información sobre un hombre suyo herido en el cuello comprueba que su pelotón responde al fuego, realiza fuego rápido de supresión y abandona su pozo bajo fuego enemigo para atender personalmente al herido, que se encontraba cuarenta metros al sur. Mantuvo la calma en todo momento y la transmitió a sus subordinados. Su actuación en la atención de las heridas de uno de sus hombres, cortando una abundante hemorragia bajo fuego enemigo, fue determinante para salvarle la vida.

Cabo 1º José Manuel Gómez Santana. Jefe del equipo de tiradores de la compañía. Suprimió los orígenes de fuego enemigos realizando fuego de Barret y de Fusa, designó objetivos al jefe de sección, corrigió el fuego de mortero. Atendió a su binomio (compañero observador) cuando quedó cegado por la tierra a consecuencia del fogonazo del Barret. Mantuvo la calma en todo momento, siendo su actuación fundamental y clave para hacer frente al enemigo.

Cabo 1º José Miguel Ortega. Jefe del 1º Pelotón. Realizó de forma precisa fuego de mortero contra dos objetivos, exponiéndose al fuego enemigo para realizar fuego con eficacia, dirigiendo el fuego de su pelotón para que se le apoyase cuando se exponía al tirar con el mortero. Saltó de su posición, avanzando al descubierto para ocupar una mejor posición de tiro. Colaboró en la evacuación del herido, manteniendo la calma en todo momento.

Cabo Fernando Carrasco Ibriani. Jefe de Escuadra, tirador de MG42. Realizó fuego eficaz contra tres orígenes de fuego enemigos, manteniéndose firme sobre su ametralladora sin cesar en su apoyo en ningún momento. El jefe de Sección observa cómo el fuego de su ametralladora cae sobre un insurgente a 250 metros. Designó al jefe de su Sección los cuatro orígenes de fuego enemigos. Informaba del consumo de munición, dosificando los últimos 250 cartuchos, haciendo fuego sólo contra objetivos claramente identificados. Mostró un control total de la situación.

Iván Castro Canovaca. Fusilero del 3º Pelotón. Herido en los primeros segundos del combate, mantiene la calma y pide a su jefe de Pelotón que lo deje solo y acuda a su puesto nuevamente. Cuando su jefe de Sección le decía que estuviera tranquilo, que volvería a España a ver nacer a su hija, respondió que eso no le importaba en ese momento, que lo que quería era seguir en su puesto. No perdió en ningún momento la compostura, evitando ser un problema más en aquella situación»
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El cámara de Dien Bien Fu

En este reportaje Perez Reverte cuenta la historia de un fotógrafo que fue a la guerra del Vietnam , también grabo imágenes ineditas que ahora podemos ver pero antes paso por años de cárcel allí .
me parece una manera de reconocer a héroes anónimos (que hay en todas las guerras) que no recibieron ningún tipo de reconocimiento.
Aquí dejo el texto:
En abril de 1954, el Vietminh cercaba la base francesa de Dien Bien Fu, en la Indochina francesa que pronto se llamaría Vietnam. Sometido a un espantoso bombardeo, el símbolo del orgullo colonial estaba a punto de caer. El gobierno de París, aun sabiendo que la derrota era inevitable, no quiso aceptarla sin un estúpido gesto teatral, así que lanzó en paracaídas a un último contingente de voluntarios, conscientes de que su único destino era la muerte o el cautiverio. Asombrosamente, se presentaron muchos. Entre ellos había tres hombres del servicio de prensa del ejército. Saltaron el primer día, entre las bombas, y cuando pisaron tierra uno estaba muerto y otro había perdido una pierna. Cuatro días después, en un segundo salto, llegaron otros dos reporteros para cubrir esas bajas: un fotógrafo y un camarógrafo. El cámara se llamaba Pierre Schoendoerffer y tenía veinticuatro años. Durante cincuenta y dos días filmó la carnicería, replegándose hacia el último bastión a medida que iban cayendo los reductos exteriores. No hubo rendición. Se peleó hasta que los viets penetraron en el puesto de mando y éste dejó de emitir. Hecho prisionero, Schoendoerffer vivió dos años en condiciones horribles, en un campo de concentración donde innumerables compañeros dejaron la piel que habían salvado de la batalla. Después hizo películas y escribió libros. 

Lo conocí hace algún tiempo en París, con Pat, su mujer, cenando en casa del periodista Jean-Christophe Buisson en compañía de mi amigo Etienne de Montety. Yo acababa de dejar atrás veintiún años de reportero, pero aún tenía frescos los instintos y los mitos. Así que me pasé toda la cena como deben pasarse estas situaciones ante la gente adecuada, e incluso ante la que no lo es: hablando poco, lo imprescindible para que sea el otro quien hable. Y más cuando, como era el caso de Schoendoerffer, no se trataba de alguien demasiado hablador. Me había hecho el honor de leer algunas cosas mías y tuvo la amabilidad de mencionarlas; pero le dije que no me avergonzara con tan extrema cortesía. Que yo estaba allí para escucharlo hablar de él, de su trabajo, de sus películas y sus libros; y que todas mis novelas juntas, lo juraba por Toutatis, no valían una de sus imágenes tomadas en Dien Bien Fu. Si me hice reportero, añadí, fue posiblemente porque con quince años leí La 317e section, que en España se llamó Sangre en Indochina, y luego vi la película del mismo título, con un inolvidable Bruno Cremer interpretando al sargento Willsdorf. Y si estaba sentado a la mesa, mirándolo como quien mira a Dios, era porque había visto en el cine L'Honneur de un capitaine, La Section Anderson -un documental sobre Vietnam por el que ganó un Oscar-, Le Crabe tambour y Dien Bien Fu, y leído todos sus libros, incluido l'Adieu au roi, que tenía y sigo teniendo subrayado de principio a fin. Y del que, le dije y se mostró humorísticamente de acuerdo, Coppola tomó abundante material para recrear su Kurtz-Marlon Brando de Apocalypse Now. 

Recuerdo sus ojos azules y su sonrisa melancólica cuando Jean-Christophe Buisson, que había hecho un magnífico documental para televisión revisitando con Schoendoerffer los lugares donde éste estuvo durante la guerra colonial, puso sobre el mantel palabras como lealtad, sacrificio, valor y sentido del honor. Todavía brillaba la mirada del veterano cámara de guerra entre el humo de sus cigarrillos cuando pronunciaba esas palabras, quizá porque en francés suenan menos devaluadas que en español. Y recuerdo, sobre todo, otras palabras suyas, dichas con sencillez en respuesta a uno de mis comentarios: «Envejecer es tener más camaradas muertos que vivos. Cuando piensas en ello, se te hace la supervivencia incómoda». No usó la palabra amigos sino camaradas, y entendí lo que pretendía decir. Los amigos son seres entrañables que la vida te depara. Los camaradas, no forzosamente amigos, son quienes han estado contigo allí. Sea donde sea. 

Pierre Schoendoerffer murió hace cuatro semanas, en el hospital Percy de Clamart, en una Francia que siempre supo hacer bien ciertas cosas: se le concedió funeral con honores militares en los Inválidos, con la insólita asistencia de todo el gran mundo de las armas, la política, el cine y la literatura. Tenía 83 años y se llevó en la retina la historia mundial de dos tercios del siglo XX. Hace cinco años aún tuvo los arrestos de viajar a Afganistán, invitado por el 1º RCP, regimiento paracaidista que lo nombró soldado de honor. En cuanto a mí, incluso después de la cena en París, nunca dejé de ver en aquel anciano distinguido, flaco, de pelo blanco, al joven de 24 años que saltó en paracaídas sobre el paisaje lunar y las explosiones de Dien Bien Fu.